La edición genética se abre paso como una de las tecnologías más disruptivas en el campo de la agricultura. Su promesa: modificar los cultivos para mejorar su perfil nutricional y hacerlos sostenibles, además de ser resistentes a plagas, enfermedades y cambio climático. En el Perú, esta herramienta ya empieza a asomar como una aliada para enfrentar los desafíos que impone el cambio climático, especialmente en un cultivo emblemático: la papa.
Con más de 3500 variedades registradas, la papa no solo es parte esencial de la seguridad alimentaria nacional, como primer cultivo de importancia nacional, sino también un símbolo de la identidad cultural andina. En este contexto, la edición genética plantea un debate entre el progreso científico y la conservación del patrimonio genético.
Para enfrentar plagas, enfermedades y cambio climático
A diferencia de los organismos genéticamente modificados (OGM), que incorporan genes de otras especies, la edición genética modifica el ADN de un organismo dentro de su mismo genoma, corrigiendo o eliminando secuencias específicas. Herramientas como CRISPR permiten realizar estos cambios de manera precisa, abriendo posibilidades inéditas para mejorar cultivos sin alterar su esencia.
Tecnología revolucionaria: Blgo. Julio Vivas Bancallán, CEO de la Asociación Peruana de Semillas (APESemillas), destaca que la edición genética permite modificar genes específicos de las plantas para mejorar o suprimir ciertas características. Subraya que esta tecnología representa una oportunidad crucial para enfrentar los impactos del cambio climático sobre la agricultura peruana, como el estrés hídrico, las temperaturas extremas y el aumento de plagas, factores que han afectado seriamente la productividad de los cultivos.
El biólogo Julio Miguel Vivas Bancallán, CEO de la Asociación Peruana de Semillas (APESemillas), considera que esta tecnología es clave para mejorar el perfil nutricional de un producto, enfrentar plagas, sequías y el deterioro de la calidad del suelo. “Podemos desarrollar papas resistentes al tizón tardío o rancha, mejorar su valor nutricional y reducir compuestos (azúcares y asparagina) para reducir la acrilamida (al someter el producto a altas temperaturas), dañina para la salud”, asegura.
Compatible con la biodiversidad
Las aplicaciones de la edición genética ya son tangibles. En Argentina, el INTA ha desarrollado papas que no se oxidan y forman menos acrilamida. En Kenia y Suecia, centros de investigación han logrado variedades con mayor tolerancia a enfermedades devastadoras, como la rancha.
“Restringir el uso de esta tecnología sería un error. Necesitamos un marco legal claro, basado en evidencia científica, que permita su uso responsable”, sostiene Vivas. Para él, la edición genética no solo es compatible con la biodiversidad, sino que puede fortalecerla al acelerar procesos de mejora vegetal que de otro modo tomarían décadas.
No alteremos lo que la naturaleza ha perfeccionado: Ing. Agr. Jorge Montalvo Otivo, catedrático de genética vegetal en la Universidad Nacional de Huancavelica, expresa su preocupación ante el uso de edición genética en cultivos tradicionales como la papa. Advierte que intervenir en variedades desarrolladas por siglos de selección natural y cultural podría implicar la pérdida de adaptaciones valiosas y conocimientos ancestrales.
Riesgo para papas y otros cultivos nativos
Pero no todos comparten ese entusiasmo. El Ing. Agr. Jorge Montalvo Otivo, profesor de genética vegetal en la Universidad Nacional de Huancavelica, advierte sobre el riesgo de alterar variedades que ya han sido perfeccionadas por siglos de selección natural y cultural.
“No podemos tratar nuestras papas nativas como si fueran productos de laboratorio. Representan una herencia milenaria que merece respeto”, enfatiza. Aunque no descarta su uso en variedades comerciales, sostiene que cualquier intervención genética debe realizarse bajo estricta vigilancia científica y regulatoria.
El ingeniero biólogo Rodomiro Ortiz, profesor en la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, advierte sobre los riesgos del flujo génico en el uso de papas editadas genéticamente en el Perú, un país con gran diversidad de cultivos nativos y especies silvestres del género Solanum. Aunque la papa se propaga mayormente por tubérculos, existe la posibilidad de que el polen de variedades editadas fecunde plantas nativas o silvestres, generando semillas botánicas y contribuyendo a la dispersión de genes modificados. Este proceso también puede ocurrir mediante la autopolinización o la aparición de plantas voluntarias de campañas anteriores.
Ortiz menciona un estudio realizado por la Universidad de Wageningen (Holanda), con científicos europeos y peruanos, que detectó este flujo génico hacia especies silvestres tras usar papas modificadas resistentes a nematodos, lo que podría afectar la biodiversidad si se da una introgresión (transferencia de material genético entre especies diferentes) estable. Como solución, se desarrolló el cultivar “Revolución”, una papa genéticamente modificada y androestéril —incapaz de producir polen fértil—, lo que elimina el riesgo de flujo génico sin frenar los avances científicos.
Papas más resilientes al cambio climático: Ingeniero biólogo Rodomiro Ortiz, profesor de genética y fitomejoramiento en la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, reconoce que la edición genética podría contribuir al desarrollo de papas más resistentes al cambio climático y a enfermedades. Sin embargo, advierte que su aplicación en variedades nativas debe abordarse con cautela, debido al alto valor genético, cultural y ecológico que estas representan para el Perú.
Sin embargo, Rodomiro Ortiz, sostiene que la edición genética se perfila como una herramienta tecnológica clave para enfrentar los desafíos de la papa. Esta innovación permitiría desarrollar variedades más resilientes al cambio climático y enfermedades, aportando así a la seguridad alimentaria nacional y al crecimiento del sector agrícola.
Este enfoque permite seguir investigando con herramientas modernas como la edición genética, sin poner en riesgo la integridad genética de las papas nativas ni la biodiversidad andina.
El dilema peruano
El Perú enfrenta así una disyuntiva: abrir la puerta a la biotecnología para no quedar rezagado en innovación agrícola, o proteger a ultranza su diversidad genética. Ambas posiciones no tienen por qué excluirse, pero exigen un debate amplio, informado y participativo.
“Necesitamos una regulación moderna, diálogo entre ciencia y tradición, y voluntad política para aprovechar esta herramienta sin traicionar nuestra riqueza biológica y cultural”, concluye el Ing. Vivas.
En un contexto de cambio climático, presión sobre los suelos y demanda creciente de alimentos, la edición genética podría convertirse en una herramienta vital. Pero solo una gestión responsable, transparente y participativa garantizará que sus beneficios lleguen al campo sin poner en riesgo lo que más valoramos: nuestras raíces.
Créditos: Rodolfo Ardiles Villamonte – Agroperu.pe
